La nueva carta de Flor de Tapa: cocinar como en casa, pero sin tener que cocinar tú
Hay una frase que escuchamos muchísimo cuando la gente termina de comer en Flor de Tapa.
"Se nota que esto está hecho aquí."
Y sinceramente, para nosotros no hay mejor cumplido.
Hoy parece que todo tiene que salir rápido. Hay cocinas donde prácticamente solo hay que abrir bolsas, calentar platos y montar.
Nosotros entendemos la cocina de otra manera.
Nos gusta hacer las cosas despacio.
Que las croquetas sepan a las croquetas que haría tu madre o tu abuela.
Que las salsas tengan horas detrás.
Que un plato no llegue a la mesa porque toca, sino porque está en su punto.
Por eso cada vez que cambiamos la carta intentamos mantener la misma filosofía.
No buscamos tener cien platos.
Preferimos tener una carta que podamos cuidar de verdad.
Cada receta que entra pasa muchas pruebas antes de quedarse. Probamos, cambiamos ingredientes, ajustamos cantidades y seguimos dándole vueltas hasta que pensamos: "Ahora sí."
Y cuando por fin entra en la carta, queremos que siga saliendo igual de bien el primer día que tres meses después.
Muchas veces me preguntan cuál es el secreto.
No creo que exista ninguno.
Simplemente dedicamos tiempo.
Tiempo para cocinar.
Tiempo para probar.
Tiempo para hacer las cosas como nos gustaría encontrarlas cuando salimos a comer fuera.
Porque al final, cuando vienes a un restaurante, no solo buscas llenar el estómago.
Buscas sentir que alguien ha cocinado para ti.
Que detrás de ese plato hay personas y no una cadena de producción.
Eso es exactamente lo que intentamos hacer cada día en Flor de Tapa.
Si todavía no has probado nuestra nueva carta, me encantaría que vinieras a descubrirla.
No porque sea nueva.
Sino porque seguimos cocinando exactamente igual que el primer día: con paciencia, con producto de temporada y con la idea de que comer fuera pueda recordar, aunque sea un poco, a comer en casa.