Comer rico antes que impresionar: esa siempre ha sido la idea de Flor de Tapa
Hay una cosa que llevo tiempo pensando.
Últimamente parece que muchos restaurantes compiten por quién tiene el local más bonito.
Las luces más llamativas.
La música más alta.
El plato más espectacular para subir una foto a Instagram.
Y oye... no digo que eso esté mal.
Pero sinceramente, creo que muchas veces nos estamos olvidando de lo importante.
Comer rico.
Porque al final, cuando pasan unos meses, nadie recuerda si el techo tenía mil flores colgando o si había un DJ pinchando mientras cenabas.
Lo que recuerdas es otra cosa.
Recuerdas ese plato que no esperabas que estuviera tan bueno.
La conversación que tuviste durante la cena.
La botella de vino que compartiste.
Y esa sensación de mirar el reloj y pensar:
"¿Ya son las doce?"
En Flor de Tapa siempre hemos tenido bastante claro cuál queríamos que fuera nuestra filosofía.
No queríamos hacer un restaurante donde la decoración fuese más protagonista que la comida.
Queríamos justo lo contrario.
Que la gente viniera porque aquí se come bien.
Porque las tapas están hechas con cariño.
Porque el producto es bueno.
Y porque puedes venir con tu pareja, con tus padres o con un grupo de amigos sabiendo que vais a estar cómodos.
Nos encanta cuando una mesa se queda un rato más después de terminar de comer.
Cuando nadie tiene prisa.
Cuando alguien pide otra copa simplemente porque la conversación está siendo buena.
Creo que eso dice mucho más de un restaurante que cualquier foto bonita.
Al final, para mí, un buen restaurante de tapas en Valencia no es el que más impresiona cuando entras.
Es el que más recuerdas cuando sales.
Y sinceramente, eso es exactamente lo que intentamos construir cada día en Flor de Tapa.