Cenar tapas en Valencia: el plan que nunca falla
Valencia de noche entre semana tiene algo especial. Sin el bullicio del fin de semana, sin reservas imposibles, sin esperar media hora en la puerta. Es cuando la ciudad come de verdad, cuando los locales de toda la vida se llenan de gente del barrio, cuando una buena cena de tapas se convierte en el mejor plan posible después de un martes cualquiera.
Si estás buscando dónde cenar tapas en Valencia, sigue leyendo.
Benimaclet: el barrio donde cenar tapas en Valencia de verdad
Benimaclet es uno de esos barrios que Valencia tiene la suerte de conservar.
Con personalidad propia, calles tranquilas y una oferta gastronómica que huye de lo turístico.
No encontrarás aquí menús plastificados con foto ni raciones pensadas para el turista de paso.
Lo que encontrarás es un barrio que come de verdad, con vecinos que repiten y locales que se conocen por el nombre.
Si no lo conoces, ya estás tardando. Si ya lo conoces, sabes perfectamente de lo que hablamos.
El barrio tiene una escala humana que se agradece especialmente entre semana.
Sin las aglomeraciones del centro, sin la presión del fin de semana, Benimaclet de martes a jueves es uno de los mejores planes gastronómicos que puedes hacer en Valencia.
Las terrazas tienen sitio, los cocineros están tranquilos y la comida llega como tiene que llegar.
Para cenar tapas en Valencia sin salir del circuito de siempre, Benimaclet es la alternativa que merece la pena conocer.
Está bien comunicado, a diez minutos del centro en metro, y tiene una energía nocturna entre semana que sorprende a quien viene por primera vez.
Flor de Tapa: restaurante de tapas en Valencia, en el corazón de Benimaclet
En Flor de Tapa abrimos todos los días de la semana, también de lunes a jueves, precisamente porque creemos que una buena cena no debería estar reservada solo para el fin de semana.
La semana tiene siete días y todos merecen comer bien.
Nuestra propuesta es sencilla pero tiene mucho detrás.
Tapas de temporada elaboradas con lo que el mercado nos trae cada semana.
Producto de la terreta, de productores cercanos, de una huerta que Valencia tiene a cinco minutos y que demasiados restaurantes ignoran.
Carta de vinos con criterio, con bodegas pequeñas y referencias que acompañan de verdad.
Y un ambiente donde se puede hablar sin gritar, donde no hay música a volumen de discoteca ni mesas tan juntas que acabas cenando con el de al lado.
Sin artificios. Sin carta de veinte páginas donde la mitad viene de un proveedor industrial. Sin lo que no toca.